Autor: Pere Tarcona, Francesc de Figuerola 1596. Ignacio Miner 1782. Javier Göerlich 1933
Estructura: Se ubica de forma oblicua al cauce, presentando un esviaje respecto a los pretiles del cauce manteniendo sus pilas paralelas a éstos. Consta de 10 arcos apuntados adovelados, de entre 13,20 y 13,40m de luz, sobre 9 pilas de 3,60 a 4m, con tajamares en cuña de sección triangular
Materiales: Piedra de sillería
Tipología: Bóvedas apuntadas
Número de vanos: 10, entre 13,20 y 13,4m de luz
Longitud: 162m
Anchura: 9,22m
Presupuesto: 4 libras, 15 sueldos, 10 dineros de moneda valenciana de 1591, por el trazado del puente.
25 libras y 7 dineros por la Creu del Pont del Mar, 19 sueldos y 2 dineros, por los ornamentos, las esferas líticas sobre los tajamares, del puente.
Coste total del puente 10.300 libras de 1591.
7.100 libras de 1778 por la reparación del puente tras la riada de 1776, más 800 libras por el desescombro del puente.
2520 libras de 1782 por la restauración de los casilicios del puente.
1.829.535,12 pts. de 1933 por la peatonalización del puente, conforme al proyecto de Javier Goërlich
145.000 pts. de 1943 para la pavimentación del puente con losas de rodeno
11.432.200 pts. de 1951 por la reparación de los casilicios
IMD: Puente peatonal
Reformas: En 1776 se desplomaron los arcos centrales y el casilicio de la Virgen de los Desamparados, debido a una riada, efectuándose la reconstrucción de los arcos derruidos y colocando unas ménsulas lobuladas, para rigidizar el tímpano, a ambos lados del puente, en los tajamares cuarto, quinto y sexto en 1782. En 1814 se efectuaron las reparaciones para abrir el puente de nuevo, que se había cortado en 1811 para defender la ciudad frente a las tropas francesas.
En 1933 se peatonalizó el puente, al desviar el tráfico por el recién inaugurado puente de Aragón, para lo que se construyeron unas escalinatas en ambos lados del puente, diseño del arquitecto municipal Javier Goërlich. En 1944 se cambió el pavimento por losas de rodeno blanco.
Las estatuas del puente se sustituyeron por otras nuevas en 1944 y los casilicios se repararon en 1952.
Localización del Puente del Mar en Google Maps
Situado entre los barrios de Mestalla y Gran Vía, comunica, por la margen derecha, el Paseo de la Ciudadela, paralelo al cauce y las calles Sorní, Cirilo Amorós y Morales Serrano y por la margen izquierda, el Paseo de la Alameda, paralelo al cauce.
Es el último, en cuanto a ubicación geográfica, de los cinco puentes históricos de la ciudad. Es el que está situado más al este y aguas abajo. Recibe el nombre del Mar, por ser en su día el camino natural hacia el Grao y hacia el Puerto.
Como el resto de puentes históricos, el que ahora disfrutamos no es el puente original que había en esa ubicación. En su día hubieron varios puentes, probablemente de madera, lo que se conocía como palanca, o mixtos, con pilas de mampostería y tablero de madera, que fueron sistemáticamente derruidos por las numerosas riadas y avenidas del río Turia.
Según se recoge en los artículos publicados y en la tesis de la doctora Ángeles Rodrigo, de donde se han extraído los contenidos que se relatan a continuación, la primera reseña documental que nos ilustra sobre la existencia de un puente en esa ubicación, es de 1401, en el que se detallan reparaciones al mismo. La avenida de 1406 destruye la palanca existente en ese momento, iniciándose la reconstrucción de forma inmediata.
Se supone que en 1412, parte de los cimientos eran de piedra, iniciándose en 1425 la construcción de un nuevo puente, con cimientos y pilas de piedra y pasarela y barandillas de madera. La riada de 1487 afectó de forma importante al puente, decidiendo reforzarlo con elementos de mampostería, aguantando hasta la de 1517, que lo destruye y se vuelve a reconstruir, aguantando de nuevo hasta la riada de 1589, que destroza completamente el puente, tomando la decisión de construir el puente completamente de piedra, para aguantar los embates de las fuertes avenidas. En los grabados del artista Van Den Wijngaerde de 1563, se puede ver el puente del Mar en un extremo, con cinco pilas, probablemente oculta alguna más por la perspectiva del dibujo, con pasarela de madera.
Tras el desastre de la riada de 1589, en 1591 se decide la construcción del puente de piedra, como se ha indicado, encargando al picapedrer Francesc de Figuerola, el trazado del puente, que fue sancionado por el rey Felipe II, habiendo sido elevada la propuesta por su arquitecto Juan de Herrera. Tal y como se hacían las obras en la época por la Junta de Murs i Valls, las obras de construcción fueron adjudicadas en subasta en 1592 al obrer de Vila Pere Tarcona, quien completó el puente en 1596.
Como hecho curioso, el trazado del puente estuvo en discusión, ya que los frailes trinitarios, del Monasterio de Nuestra Señora del Remedio querían que estuviera frente a su convento, en la margen derecha y los frailes franciscanos, del convento de San Juan de Ribera, en la margen izquierda, frente al suyo, tomando finalmente la decisión de colocarlo en su ubicación original, que era un punto intermedio entre ambos conventos.
El puente, que junto con el puente de la Trinidad, es el que presenta más trazas góticas, de los cinco puentes históricos, se compone de diez vanos con arcos apuntados, con luces entre 13,2 y 13,4m, tiene una longitud aproximada de 162m y un ancho de 9,22m, presentando, como característica diferenciadora en relación a los otros puentes históricos, un esviaje respecto a los estribos del cauce, de unos 25º, manteniéndose las pilas del puente paralelas a estos estribos.
Los arcos del puente se apoyan sobre nueve pilas de mampostería, de espesores entre 3,6 a 4m, rematadas por ambos extremos, aguas arriba y aguas abajo, por dieciocho tajamares en cuña, nueve a cada lado, de sección triangular en planta, coronados por una cubierta piramidal en punta de diamante. La disposición de las hiladas de los sillares en pilas y tajamares es a soga y en los arcos a tizón, en dirección radial. Encima de la clave de cada arco hay dispuestas unas gárgolas troncocónicas, para la evacuación de pluviales del tablero. Los pretiles del puente son también de sillería, con dos hiladas, la superior biselada, de 45 cm de ancho y altura entre 0,88 y 1m. Por disposición del arquitecto real Juan de Herrera, se colocaron unas esferas líticas encima de cada tajamar, como ornamentación del puente.
El puente es prácticamente horizontal, pero elevado respecto a los terrenos adyacentes en ambas márgenes, por lo que hubo que disponer unas rampas de acceso con pendientes cercanas al 4%, para acceso al puente.
En 1776 una nueva riada tumbó los arcos centrales y un casilicio con la Virgen de los Desamparados, que relataremos a continuación, encargándose la reparación del puente, al arquitecto Ignacio Miner, quien colocó, como refuerzo del tímpano, seis ménsulas lobuladas, tres a cada lado, sobre los tajamares cuarto, quinto y sexto, interrumpiendo los pretiles del puente para la construcción de unos bancos de piedra, en cuyos extremos se dispusieron elementos ornamentales gallonados. En 1814 el puente tuvo unas reparaciones, para reponer el acceso que se había cortado en 1811 por motivo de la defensa de la ciudad frente a las tropas francesas en la Guerra de la Independencia.
Acabado el puente en 1596, se contrató a Francesc de Figuerola, la construcción de la Creu del Pont del Mar, de piedra, que se colocó en un casilicio, sobre el tercer tajamar, aguas arriba, en cuyo tejado se colocaron unas estatuas de San Vicente Ferrer, San Vicente Mártir y San Juan Bautista. En 1677 se colocó, frente a este casilicio, en el tercer tajamar, aguas abajo, otro casilicio con la estatua de San Pascual Baylón.
La ornamentación del puente por tanto ha quedado con diez esferas líticas en los tajamares primero, segundo, séptimo, octavo y noveno, con los casilicios con las imágenes religiosas en el tajamar tercero y con los bancos sobre las ménsulas lobuladas, con los elementos ornamentales de piedra gallonados en sus extremos, sobre los tajamares cuarto, quinto y sexto, contando siempre, como es habitual, desde la margen derecha, la que estaba más próxima a la ciudad.
En 1709 la Cruz sufre desperfectos por un rayo y en 1720 se decide la sustitución de la Cruz por la Virgen de los Desamparados, realizada por Francisco Vergara el Mayor. En 1776 la riada tumba el casilicio de la Virgen, como se ha indicado y en 1782 se coloca una nueva imagen de la Virgen, de Francisco Sanchis. En 1933 la Virgen es decapitada en un acto vandálico y la imagen es reparada por el escultor Alfredo Just Gimeno. En 1936, debido a la Guerra Civil Española, las imágenes son destruidas y repuestas en 1946 por nuevas imágenes, la de San Pascual Baylón, de José Ortells López y la de la Virgen, de Vicente Navarro Romero. En 1952 se repararon los casilicios, que se encontraban muy deteriorados, dejándolos tal y como los podemos apreciar en la actualidad, con tres columnas, tejado a tres aguas, rematados con teja vidriada, girados respecto a los tajamares, con uno de los lados del triángulo paralelo al pretil del puente.
El puente, como se ha indicado, era el único punto de salida y entrada de la ciudad al puerto y por donde se canalizaba por tanto, todo el comercio de la ciudad, que empezaba a quedarse estrangulado debido a la falta de capacidad del puente, por su ancho y por las fuertes pendientes de acceso al mismo, que ocasionaban serios cuellos de botella, sumando también el efecto del tranvía, inaugurado en 1876 y electrificado en 1900.
Por tal motivo el Ayuntamiento decidió la construcción de un nuevo puente, el de Aragón, que se finalizó en 1933, pero los proyectos originales de este puente consistían en desmontar el puente del Mar, aprovechando únicamente sus pilas, construyendo sobre las mismas un tablero más ancho, proyecto que afortunadamente no se llevó a cabo, conservando el puente del Mar.
Desviado por tanto el tráfico del puente del Mar, por el nuevo puente de Aragón, se procedió a la peatonalización, para lo que en 1933 el arquitecto municipal Javier Goërlich diseño unas escalinatas de acceso al puente, de estilo neobarroco, tanto por el Paseo de la Alameda, con 19 peldaños, como por la Plaza de América, con 15 peldaños. La huella de los peldaños es de unos 35cm de media, salvo la del quinto peldaño, en la escalera recayente al Paseo de la Alameda y el tercero, en la recayente a la Plaza de América, en que la huella es de 1m. Las escaleras cuentan cuatro bancos en chaflán que enlazan los pretiles del puente con los del cauce, con ornatos moldurados y sobre los mismos, elementos ornamentales de piedra gallonados, similares a los de los bancos sobre las ménsulas lobuladas en el puente. Los bancos tienen en su centro un pináculo de unos 5,5m de altura, sobre el que se colocan unas farolas y coronado por copa gallonada. Por último, en 1944, se pavimentó el puente con losas de rodeno.
Con motivo de la construcción del Jardín del Turia, se construyó una alberca de planta circular, bajo el puente, que permite que se refleje su imagen, siendo un punto de singular belleza en los jardines del viejo cauce.




















